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Posted: 2005/08/02 by: Gustavo Mata. Estudios_Doctrinales.
Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová [Levítico 10:1-2]
 
La primera vez que leí el pasaje anterior, en mi corazón sentí que Dios había sido injusto, puesto que Nadab y Abiú habían ofrecido tal fuego de corazón a Dios, buscando agradarle. Adicionalmente pensé, ¿qué más da un fuego u otro?, pues finalmente ambos estaban cumpliendo con el requisito de utilizar el fuego, y lo mas importante, insisto, lo hicieron de corazón. ¿Por qué entonces Jehová fue tan duro con ellos que los exterminó con fuego?.


Más tarde comprendí que Dios es Santo y Justo, y que Él había dado instrucciones precisas de la forma como debía ofrecerse el sacrificio. Adicionalmente en ese momento histórico, Jehová Dios les había provisto del fuego sagrado que no debía ser apagado. En Levítico 9:23-24 leemos lo siguiente: “Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión, y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo. Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros.” Observa que dice que “Salió fuego delante de Jehová y consumió el holocausto”, esa fue una manifestación divina de Dios proveyendo fuego divino, que no debía ser apagado. No obstante ello, y a pesar de que Nadab y Abiú por ser hijos de Aarón habían sido consagrados como Sumos Sacerdotes, debían ser los primeros en respetar la ordenanza divina, sin embargo, prefirieron seguir las indicaciones emotivas de sus corazones buscando así agradar a Dios.


Esto me recuerda las múltiples ocasiones en las que yo me incline ante una estatua de yeso o imagen de quien yo suponía era Jesús, me recuerda las veces que besé tales figuras y mi “veneración” a otros personajes que yo consideraba divinos. También me recuerda mis interminables rezos de oraciones hermosas a las que más tarde descubrí que Jesús denominó como “vanas repeticiones” (Mateo 6:7), Y no quiero dejar de mencionar mi “sacrificio” con mi asistencia fiel a los servicios religiosos aunque estos me parecían aburridos y mis visitas a templos muy especiales consagrados a una de las tantas divinidades en las que creía. Todo esto, lo hacía de corazón buscando agradar a Dios, y creí que de verdad esto le agradaba. Por supuesto que no era otra cosa mas que el ofrecimiento de Fuego Extraño a Jehová.


Hoy con tristeza veo, que muchas de las personas que han nacido de nuevo, siguen ofreciendo Fuego Extraño a Jehová, adorando al Señor “como lo sienten en sus corazones afectados por sus emociones” y no necesariamente obedeciendo a la Palabra de Dios. Me parece increíble cuando escucho severas críticas de predicadores juzgando a los hermanos que afirman hablar en lenguas (por citar un ejemplo), y por el otro lado, me parece muy triste escuchar a estos, juzgando severamente a los Cristianos que no han sido bautizados en el Espíritu Santo, llamándolos herejes afirmando que no son hijos de Dios. Hay quienes cantan “Pueblos todos, batid las manos, alabad a Dios con voz de júbilo” o “Levantemos nuestras manos en señal de gratitud”, que ni baten las manos ni las levantan delante de Dios, porque son una congregación “conservadora” que critica severamente a los Cristianos que aplauden y danzan en la alabanza.


Amados míos, ¿No será que pese a tener a Cristo en nuestro corazón nuestras actitudes muchas veces reflejan que estamos ofreciendo Fuego Extraño delante de Dios?. Creo que bien vale la pena reflexionar acerca de nuestra propia fe y apropiarnos de la fe que Dios nos ha enseñado, respetándonos unos a otros y permitiendo que sea el Espíritu de Dios quien nos guíe a toda verdad. El apóstol Pablo escribió en 1 Corintios 1:10 “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer”.


Hoy ante tantas señales del advenimiento de Jesucristo, los Cristianos debemos estar unidos predicando las buenas nuevas de salvación y dejar de criticarnos unos a los otros convirtiendo nuestra adoración en fuego extraño. No pasemos por alto la misericordia de Dios, quien no ha hecho con muchos de nosotros lo que hizo con Nadab y Abiú, consumirnos con fuego, así que juntos clamemos aleluya y adoremos al Señor como Él nos enseña en su Palabra, en espíritu y en verdad [Juan 4:23-24].


Dios te bendiga

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