Posted: 2005/10/05 by: Jose Pablo Chacon.
crecimiento_cristiano.
“Es mejor provocar todo un escándalo para rescatar la verdad” (Gregorio Magno). Jesús fue un hombre de escándalos. Los discípulos, como buenos aprendices, también fueron hombres de escándalos.
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.
Una vez los fariseos, que seguían de cerca cada acto de Jesús y sus discípulos, descubrieron que comían sin lavarse las manos: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? ¡No se lavan las manos cuando comen pan!” (Mateo 15:2). Para los fariseos saltarse la norma de lavarse las manos era un ESCÁNDALO. Tradición de los ancianos viene del hebreo dibré zeqenim (Palabras de los ancianos) que eran las sentencias de los rabinos. Los fariseos estaban poniendo en duda la autenticidad de la obra mesiánica de Jesús diciendo: ¿Cómo éste podría ser el Mesías si no logra que sus propios discípulos cumplan las normas de sus antepasados?
Poco antes del escándalo de comer “con las manos sucias” Jesús y sus discípulos protagonizaron otro escándalo cuando tenían mucha hambre y comieron del trigo de un sembradío el día de reposo. Una vez más los atentos fariseos los reprendieron diciendo: “Tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer el día de reposo”. Pero la respuesta de Jesús nos da una clave esencial acerca de la verdadera misericordia, escuchémoslo: “¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que estaban con él tuvieron hambre; cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición que no les era lícito comer? […] Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes”. (Mateo 12: 1-8). Jesús defiende a sus discípulos de haber violado la orden de no segar el sábado con una serie de argumentos irrefutables tomados de las Escrituras. El escandaloso movimiento de misericordia de Jesús siguió. Ese mismo sábado, muy poco después del altercado con los fariseos, Jesús sanó la mano de un hombre. A la acusación Jesús respondió: “¿Qué hombre habrá, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo el día de reposo, no le dé una mano? […] por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo” (Mateo 12:9-14).
El cristiano sabe que no puede quedarse en la norma, debe ir más allá. Hay algo que no lo deja detenerse en la línea del simple cumplimiento. Su corazón está tan lleno de agradecimiento y de don de Dios, que se convierte en un ciudadano del Reino proactivo. El pueblo del Reino vive en ese lugar, donde su comunión con Dios le provee vida y misericordia y, a su vez, como ciudadano del Reino se transforma en una fuente de misericordia para el mundo. No solo no matamos, sino que promovemos la vida, ayudamos a vivir; no solo no mentimos, sino que promovemos la verdad; no solo no cometemos adulterio, sino que fomentamos la fidelidad.
Alguien decía que debemos amar al prójimo hasta que pregunte ¿por qué? Eso es lo que intento hacer en mi vida. Cuando un policía abusó de su poder con un adolescente, mi corazón se lleno de misericordia y fui a defenderlo. El adolescente había robado, pero la misericordia pudo más. El policía preguntó por qué yo quería defender a un pequeño delincuente que se merecía una buena lección. Respondí “porque Cristo no ha querido darnos una buena lección cada vez que fallamos”. No debemos quedarnos en el simple cumplimiento de las normas, debemos ir más allá y, si es necesario, provocar escandalosos actos de misericordia. No estará mal empezar a romper los esquemas para ser misericordiosos, como nuestro Padre es misericordioso.
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