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Posted: 2006/06/02 by: Jose Pablo Chacon A.. El Rincon del Teologo.
Solo algunas impresiones acerca del libro de Dan Brown. Para mas datos e informacion escriba a yahvista@hotmail.com
EL CÓDIGO DA VINCI: ¿VERDAD O FICCIÓN?
 
El Código Da Vinci (“The Da Vinci Code”) es una novela escrita por el estadounidense Dan Brown, publicada en el año 2003 por la editorial norteamericana Doubleday. Esta novela ha sido apoyada por una gran campaña de mercadeo, y poco más de un año después de su publicación inicial ya había vendido casi seis millones de ejemplares. Por supuesto, un famoso director de cine ya hizo una película basada en el libro, con actores muy conocidos y celebrados en el mundo. Y la traducción de la novela al español se ha convertido en un éxito internacional de ventas.
 
La prensa internacional ha llamado "polémica" a esta obra, porque supuestamente revela la verdad histórica de la persona de Jesús, y por tanto, del Cristianismo. Así, la novela y la película se han ido rodeando de una apariencia de "escándalo", con parte del público deseoso de leer el texto y ver la película, y otra parte algunas personas preocupadas por el daño que este fenómeno de ventas pueda hacer al cristianismo. Entonces podemos preguntarnos: ¿Por qué tanto escándalo? ¿De qué se trata realmente esta novela? ¿Dice algo real, nuevo e importante sobre Jesús y el cristianismo?
 
Para entender lo que hay detrás de este fenómeno de ventas, comencemos por recordar que esta es una obra de ficción, una novela que en su texto original en inglés no está muy bien escrita ni tiene una trama especialmente novedosa, y que en realidad es un producto más en el mercado, como hay tantas otras novelas que ningún lector con criterio consideraría literatura. Lo que la diferencia del resto de las novelas que se leen en salas de espera de aeropuertos es la estrategia de mercadeo con que se ha vendido. Para vender esta novela, que como entretenimiento es bastante mediocre, se le ha hecho una campaña publicitaria dándole una imagen de “misterio”, de ser un texto con “secretos revelados” para hacerlo un éxito de ventas. Y por supuesto, nunca falta gente poco informada que lee cosas como esta porque están de moda, y así las ideas que esta novela propaga se distribuyen de boca en boca, sin considerar si el libro dice algo cierto sobre Jesús o no.
 
Entonces, la siguiente pregunta es: ¿De qué se trata la novela? Primero que todo, señalemos que este libro declara al inicio que los datos y documentos históricos a los que la trama hace referencia son verdaderos. Esta es una declaración muy seria. Veamos: La trama gira alrededor de un personaje llamado Robert Langdon, un profesor de "simbología religiosa" en la universidad de Harvard (por cierto, ese curso no existe en Harvard). Cuando está de visita en París, Langdon es llamado a la escena de un crimen en el Louvre. Otro personaje, un conservador del museo llamado Jacques Sauniere, considerado un experto en diosas y en "lo sagrado femenino", ha sido hallado muerto, probablemente asesinado, en una de las galerías. Parece que, antes de su muerte, Sauniere tuvo tiempo de dejar varias pistas sobre su asesino, pistas relacionadas con las obras del pintor Leonardo Da Vinci. Así, la trama es típicamente policíaca como en las series de televisión. Langdon viene a ser un detective improvisado, que debe revelar el misterio detrás de la muerte de Sauniere. Y luego se le une una criptóloga llamada Sophie Neveu, que es nieta de Sauniere y que ayuda a Langdon en su investigación hasta que, a lo largo de más de quinientas páginas, se descubre el misterio. El tal misterio es el siguiente: Sauniere, el personaje asesinado, era un líder de una oscura sociedad secreta llamada el "Priorato de Sión", dedicada a la causa de proteger la verdad sobre Jesús, María Magdalena y, por extensión, a toda la raza humana. Según se nos dice en el libro, originalmente y durante milenios los seres humanos practicaban una espiritualidad equilibrada entre lo masculino y lo femenino, en la que se veneraba a una divinidad femenina y al poder de las mujeres. Según la novela, esta religión femenino-céntrica fue el verdadero mensaje de Jesús. La novela dice que Jesús se casó con María Magdalena y le confió el liderazgo de este movimiento, y que en el momento de la crucifixión, ella estaba embarazada del hijo de ambos. Y todavía hay más. El libro dice que Pedro, celoso del papel de María, tomó la dirección del movimiento formado en torno a Jesús, y traicionó la auténtica enseñanza del Maestro, sustituyéndola por la suya propia, y suplantando a María Magdalena como líder del movimiento. Por eso, María Magdalena tuvo que huir a Francia, donde murió. Ella y el hijo póstumo de Jesús fueron el origen de la dinastía merovingia francesa, y así María Magdalena resulta ser la representación de la "deidad femenina" y el Cáliz Sagrado, llamado “El Santo Grial”, que entonces no es no una copa material sino ella misma. Sauniere custodiaba estos conocimientos, unos conocimientos que Leonardo da Vinci, miembro de esa sociedad secreta, había incluido en su obra como un código (De paso uno se pregunta: si Leonardo Da Vinci quería que ese conocimiento siguiera secreto, ¿para qué ponerlo en sus pinturas?). Además, Sauniere y su nieta Sophie son descendientes de la dinastía merovingia. Sophie no sabía nada de esto, y llevaba varios años distanciada de Sauniere porque anteriormente ella sorprendió a su abuelo en un lugar secreto con una mujer, cuando hacían una especie de ritual sexual al que acompañaban los cánticos de una multitud de espectadores enmascarados, los miembros de la sociedad secreta. Al final se nos dice que la mujer era la abuela de Sophie y que lo que hacía con su abuelo en aquella habitación era mantener viva la “fe”, porque según esta sociedad, el verdadero sentido de la celebración religiosa es la unión sexual.
 
También nos enteramos de que el "Santo Grial", o sea los restos de María Magdalena, junto con los documentos que acreditan su descendencia, están enterrados en el interior de los setenta pies de la pirámide de cristal situada en la nueva entrada del Louvre, donde, al final de la novela, Langdon, de rodillas, cree oír la sabiduría de los Tiempos a través de la voz de una mujer que le llega desde lo más profundo de la tierra. Y eso no es todo: como el personaje de Lagndon va siendo instruido en la novela por otros personajes supuestamente eruditos, así se nos dice que los cuatro evangelios de la Biblia como la conocemos actualmente fueron escogidos por el antiguo emperador de Roma, Constantino, como una maniobra política. Según esta novela, Constantino eligió los evangelios de Mateo, Marco, Lucas y Juan porque enfatizaban la divinidad de Jesús y eso le convenía para mantener el poder de Roma como centro religioso.
 
Una vez resumida la trama de la novela, podemos preguntarnos si esto que dice sobre Jesús y el cristianismo tiene alguna base histórica. Así que resumamos lo que Dan Brown, en su novela El Código Da Vinci, nos está diciendo:
 
1-Que el Cristianismo actual es una mentira que la Iglesia (Católica Romana y Protestante) ha creído por casi dos mil años, pero que en realidad fue una religión inventada por el emperador romano Constantino, durante el Concilio de Nicea, como una forma de mantener su poder y controlar la sociedad.
2-Que la verdad es que hubo otros ochenta “evangelios” más antiguos y correctos que circulaban entre los creyentes antes de los cuatro evangelios que hoy llamamos canónicos (Mateo, Marco, Lucas y Juan), y que estos otros textos dan otra imagen de Jesús como humano y no como Dios. Y que Constantino escogió los evangelios canónicos para hacerlos parte de La Biblia con motivos políticos.
3-Que el verdadero Jesús no era Dios hecho hombre, ni quiso morir por los pecados del mundo, y que no resucitó. Y que además se casó con Maria Magdalena y tuvieron un hijo. Y que la verdad sobre Jesús y sobre la “deidad femenina” ha permanecido oculta gracias a una conspiración de la Iglesia Católica que fabricó un nuevo testamento de acuerdo a sus intereses políticos.
4-Que es necesario estudiar los otros textos llamados “evangelios” y que hoy se llaman “apócrifos” (o sea, ocultos, y que desde el siglo cuarto se han definido como ajenos a La Biblia) porque estos son anteriores a los evangelios canónicos y revelan al verdadero Jesús histórico y humano, no divino; y que así volveremos al verdadero cristianismo.
 
Hay otras afirmaciones curiosas en el texto que no tienen tanto que ver con el cristianismo en sí, como que María Magdalena fue la fundadora de la dinastía de los reyes Merovingios y que esta dinastía fue la que a su vez fundó París. Como un detalle menor, recordemos que históricamente es bien sabido la ciudad de París fue fundada por una tribu céltica gala llamada los Parisii en el siglo III a.C. Los merovingios hicieron de París la capital del reino franco en el 508 después de Cristo, cuando París ya tenia como dos siglos de existir. Así que comenzando por semejantes afirmaciones sobre historia, ya esta novela no se va mostrando como digna de confianza.
 
Ahora nos cabe preguntarnos si estas afirmaciones son una especie de “revelación” de un secreto que el autor de la novela, Dan Brown, descubrió. En realidad, este tipo de afirmaciones no son nuevas. Ya existía un libro anterior llamado Holy Blood, Holy Grail (traducido en España como “El enigma sagrado”) escrito por Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, que fue publicado en 1981 y empleado como guión de un programa de televisión de la BBC de Londres. En ese momento lo trataron de presentar como hechos reales, pero pronto quedó en evidencia que se trataba de pura especulación, que era un texto lleno de suposiciones infundadas y basadas en documentos fraudulentos. Los autores son en realidad parte del grupo de escritores sensacionalistas que escriben sobre ovnis y fenómenos paranormales. Todas las ideas que aparecen en el Código Da Vinci sobre la supuesta relación de Jesús y María Magdalena,  la idea de que María es el Cáliz Sagrado, y la sociedad secreta llamada Priorato de Sión, proceden de esos autores. La trama de El Código Da Vinci puede parecer nueva o ingeniosa, pero la realidad es que la mayor parte de las ideas que expresa no son nuevas en absoluto. De hecho, la idea de lo "sagrado femenino" viene desde el siglo XIX, cuando se comenzó a especular sobre una supuesta era de la historia humana, muy antigua y de la que no se conoce mucho, donde se veneraba a las diosas, un período que fue sustituido por un patriarcado belicista. Años más tarde, algunos escritores han mezclado esta teoría con sus ideas de María Magdalena. Una norteamericana llamada Margaret Starbird ha propagado estas ideas en varios libros. La descripción que hace Brown de María Magdalena procede del trabajo de Starbird, en especial, de The Woman with the Alabaster Jar (traducida en castellano como “María Magdalena ¿la esposa de Jesús? “), calificado como "ficción" por la autora misma. Vemos así que lo que Dan Brown ha hecho es tomar ciertas ideas especulativas, añadir tradiciones pseudo-históricas del esoterismo y publicadas en otros libros, y ponerlas de relleno a una trama policíaca propia de un programa de televisión de los más comunes.
 
Analicemos ahora si esas cuatro afirmaciones antes señaladas tienen algo de verdad histórica. Recordemos que la gran cantidad de estudiosos de La Biblia a lo largo de los tiempos no han dado simplemente opiniones sin fundamento. La arqueología, al igual que la historia, es una ciencia, una forma de conocimiento riguroso que muchas personas estudian. Inclusive los historiadores no cristianos. Y lo que nos dice la ciencia de la historia es lo siguiente:
 
1-Al contrario de lo que Dan Brown dice en El Código Da Vinci, la religión cristiana no fue inventada por ningún emperador romano durante un concilio, sino que el proceso de definición de la doctrina cristiana se inició con Jesús mismo, continuó con los apóstoles, y tomó cerca de tres siglos hasta que se compilaron los libros que hoy llamamos “el canon”, o sea, fieles al mensaje total de La Biblia incluyendo el Antiguo Testamento. La palabra “canon” viene de una palabra griega que significa "regla", y se usa para designar el grupo de libros reconocido por la Iglesia como inspirados por Dios y base de la doctrina cristiana. La verdad histórica sobre el emperador romano Constantino, especialmente famoso por haberse convertido al cristianismo, está al alcance de cualquiera en las enciclopedias y libros de Historia. La supuesta “creación” del canon por fines políticos según Dan Brown es un mito indefendible.  Igualmente, el Concilio de Nicea (325 d.C.) es un hecho histórico perfectamente documentado, y en este concilio no se discutió nunca la divinidad de Jesús porque la iglesia cristiana ya llevaba tres siglos creyendo que Jesús es Dios, como lo dicen los evangelios canónicos El Evangelio de Juan lo dice de hecho en su inicio mismo: que Jesús es El Verbo -la acción de Dios- y El Verbo está con Dios, el Verbo es Dios, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1: 1-14).
 
De hecho, el proceso de compilación del canon tuvo criterios sólidos en qué basarse: uno, la comparación de los textos con las enseñazas de los apóstoles para evitar la herejía. Y otro, la necesidad de preservar los libros correctos ante la persecución que los cristianos sufrían. De esta forma, aquellos textos que la comunidad cristiana conservaba fueron analizados por historiadores serios como Ireneo y Orígenes para precisar si contradecían las enseñanzas de los apóstoles, testigos presenciales de la persona histórica de Jesús. Como dijéramos, este proceso tomo siglos, mucho antes de Constantino. Y de hecho, los cuatro evangelios aceptados como fieles (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) existieron mucho antes de que otras personas escribieran los textos apócrifos. El historiador Eusebio (c. 265-c.339 d.C), primer historiador de la iglesia, hizo la clasificación de los textos en tres categorías: los libros reconocidos (homologoumena), los libros discutidos (antilegomen) y los libros espurios (notha). Eusebio incluyó entre los libros reconocidos los cuatro evangelios que hoy son parte de La Biblia. Con el tiempo, cuando el cristianismo estuvo más asentado, y había desaparecido la amenaza de la persecución, los líderes cristianos fueron capaces de reunirse y tomar decisiones para definir la doctrina. El Concilio de Laodicea, alrededor del 363 d.C., confirmó la enseñanza y los usos seculares de la Iglesia por medio de una lista de libros canónicos que incluían todos los que conocemos, excepto el Apocalipsis. En el 393, un concilio reunido en Hipona, en el norte de África, estableció el Canon -incluyendo el Apocalipsis-, tal y como lo conocemos hoy, y declaró que aquellos libros eran los libros que debían leerse en los templos en voz alta.
 
Hacia la segunda mitad del siglo II, los cristianos ya habían definido lo que llegaría a llamarse "la regla de la fe": dos grupos de escritos básicos para la doctrina: los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y las Cartas de Pablo. ¿Cómo sabemos que aquellos trabajos fueron los seleccionados? Porque se leían en el culto y aparecen referencias a ellos en los escritos de los Padres Cristianos que han llegado hasta nosotros. Es posible que existieran otros evangelios junto a los cuatro de nuestro Nuevo Testamento. Lucas lo indica claramente al comienzo del suyo: "Ya que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han cumplido entre nosotros... me pareció también a mí, después de haber estudiado todas las cosas con exactitud desde los orígenes, escribírtelo por su orden, distinguido Teófilo, para que conozcas la firmeza de las enseñanzas que has recibido”. Nótese que los apóstoles y otros discípulos fueron los testigos de la predicación de Jesús, de su ministerio, de sus milagros, de sus padecimientos, de su muerte y de su resurrección. Ellos fueron quienes guardaron lo que habían visto y oído y lo transmitieron. Desde su aparición, los primeros textos escritos sobre Jesús y sus enseñanzas fueron constantemente comparados con la antigua historia relatada por los primeros testigos. Finalmente, al aparecer sectas que contradecían los antiguos testimonios de los apóstoles, los líderes de la Iglesia declararon que, por estar ligados a los apóstoles y coincidir con los antiguos testimonios, estos libros son los doctrinalmente fieles a las enseñanzas de Jesús.  
 
Al respecto, veamos algunos hechos históricos comprobados: son muchos los textos escritos en el primer siglo que recopilan las enseñanzas de Jesús, y que se conservan hasta hoy, y que claramente citan los evangelios canónicos y otros libros del Nuevo Testamento como sus fuentes. Por ejemplo, el texto llamado La Didaqué, que fue escrito hacia el año 90 d.C, cita frecuentemente a Mateo. Su autor de hecho parece conocer el evangelio de Lucas, 1 Tesalonicenses, y 1 Pedro. El líder Clemente de Roma (hacia el año 96) nos dejó un texto escrito hacia el año 96 donde cita a Mateo, 1-2 Timoteo, Tito, Hebreos y,  probablemente,  Lucas, los Hechos de los Apóstoles,  1 Cor, Rom, 1-2 Ped, y posiblemente Santiago. La Epístola de Bernabé, escrita hacia el año 98, cita a Mateo, Rom, Col, 2 Tim, Tit, 1 Pe, y muestra que su autor probablemente también conocía el evangelio de Juan. Ignacio de Antioquía, año 107, emplea en sus escritos como referencia los evangelios de Mateo, Lucas., Juan,  y además Hechos, Tes., Gál, 1 Cor, Rom, Col, Ef,  y Hebr. Policarpo de Esmirna, hacia el año 108, alude en su carta a Mateo, Lucas, Marcos y Juan, junto con Hechos, 2 Tes, Gál, 1-2 Cor, Rom, Col, Ef, Fil, 1-2 Tim, Heb, Sant, 1 pe, 1 Jn. Aún más, Papías (hacia 110) es el primero que da los nombres de los autores de Mateo, Marcos, y Lucas, y da información sobre el origen de estos evangelios. También conocía 1 Pedro, 1 Juan y el Apocalipsis. El texto sobre El Martirio de Policarpo (escrito hacia 150) también cita a Mateo, Juan, Hechos, y Apocalipsis.
 
¿Donde está entonces la veracidad de que, como dice Dan Brown, Constantino fue quien decidió qué libros incluir en el Nuevo Testamento, cuando, como acabamos de ver, desde tres siglos antes ya el canon estaba prácticamente formado?
 
No hay secreto entonces, no hay unos conocimientos ocultos que los líderes cristianos pasaran de mano en mano por orden del emperador Constantino. El proceso estaba ahí, a la vista, desde los testimonios originales hasta la definición gradual del canon. Y tampoco hay ninguna base para afirmar, como dice Dan Brown, que había ochenta evangelios en circulación.
 
2-Como ya dijimos, es falso que había otros “evangelios” más antiguos y correctos. De hecho, los textos apócrifos y espurios, que se conservan hasta hoy como documentos interesantes desde un punto de vista arqueológico, muestran que son variaciones mitológicas basadas en los Evangelios del canon, lo que pone en evidencia que estos textos apócrifos se escribieron mucho después. Aquí es importante anotar que los autores de estos textos apócrifos fueron mayormente parte de las  sectas que desarrollaron la filosofía del “gnosticismo”. El gnosticismo fue un tipo de filosofía espiritual muy difundida durante los siglos II y III después de Cristo, aunque no fue un movimiento organizado. En resumen, se trató de una corriente esotérica en la que el verdadero conocimiento sólo era accesible a unos pocos (la palabra "gnosis" significa "conocimiento"), los miembros de las sectas. El gnosticismo estaba en contra del mundo material, al que consideraban maligno, incluyendo al cuerpo humano.  Esta era, por supuesto, una posición contraria al relato del Génesis (Gen 1: 1-31), dónde el texto dice que Dios declara que su creación, el universo material, es bueno. Los textos considerados apócrifos son en su mayoría producto de estas sectas gnósticas, que tomaban el nombre de algún discípulo famoso y le atribuían un texto que esta persona jamás escribió, como se ha visto recientemente con el supuesto “Evangelio de Judas”. Existen escritos desde el siglo II hasta el siglo V que son, unos, resúmenes del pensamiento gnóstico, y otros del pensamiento cristiano. Los eruditos tienen distintos criterios sobre estos escritos, pero es criterio académico aceptado que la mayor parte de estos textos datan de una época muy posterior a los Evangelios canónicos. Varios textos de los siglos II y III que proporcionan una versión sobre la réplica de los cristianos al gnosticismo están totalmente accesibles en bibliotecas o en Internet: Adversus Haereses, de Ireneo, Adversus Marcionem, de Tertuliano, y Philosophumena o Refutación de todas las Herejías, de Hipólito. Pero los documentos que Dan Brown emplea para ofrecer la imagen de Jesús son textos propios del gnosticismo de los siglos II y III, lo que significa que aquellos escritos, que supuestamente revelan el conocimiento secreto y verdadero de Jesús, se escribieron cien años después de la misión de Jesús, muy posteriores a cualquiera de los libros del Nuevo Testamento que fueron compuestos a finales del siglo I después de Cristo, pocas décadas después de la crucifixión de Jesús. Además, recuérdese que sabemos bien que los Evangelios Canónicos fueron escritos por Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y además hacen referencia a otros textos concordantes de La Biblia; mientras que los textos apócrifos no tienen autor conocido del todo, no hacen referencia a los demás libros del Antiguo Testamento, ni concuerdan doctrinalmente con ellos.
 
Brown ignora esta base histórica y prefiere apoyarse en los trabajos de una minoría de escritores, ninguno con bases académicas serias, que creen que los escritos gnósticos son históricamente confiables, para sus descripciones de lo que "realmente" enseñó Jesús. Estas fuentes ya por sí solas muestran la poca objetividad histórica de la novela El Código Da Vinci. En su bibliografía, Dan Brown no incluye ni un sólo trabajo antropológico sobre la historia del cristianismo, ni un solo estudio significativo sobre el Nuevo Testamento, ni siquiera un volumen de calidad al alcance de cualquier estudiante interesado en la historia del cristianismo primitivo. Tampoco cita al Nuevo Testamento como fuente histórica y arqueológica de la historia del Cristianismo de los primeros tiempos.
 
Y, contradiciendo lo que Dan Brown dice en su novela, estos textos gnósticos que le sirven de base de hecho no muestran a un Jesús más humano, sino todo lo contrario. El Jesús que aparece en los textos apócrifos es una especie de fantasma, de acuerdo con la filosofía gnóstica de oponerse a lo material. Y además, estos textos en vez de resaltar la imagen de la mujer como algo divino, son de hecho sexistas. Por ejemplo, en uno de estos textos aparece “Jesús” diciendo que las mujeres no pueden entrar al cielo si primero no se convierten en hombres (Evangelio de Tomás, 114). Vemos así que las afirmaciones que se hacen en esta novela carecen totalmente de una base arqueológica e histórica coherente.
 
3-Con respecto a que el supuestamente verdadero Jesús no era Dios hecho hombre, ni quiso morir por los pecados del mundo, y que no resucitó, es una afirmación claramente contraria a lo que dicen los Evangelios Canónicos. Pero aún más, esta afirmación es contraria al testimonio histórico de Jesús mismo. Como ya dijimos, en los libros canónicos hay una continuidad con el Antiguo Testamento donde se anuncia la venida de Jesús como Mesías y Redentor. Esta continuidad no aparece en los textos apócrifos. Pero en los Evangelios canónicos Jesús afirma que por creer en Él se recibe la vida eterna (Juan 3:36, 3:1618; 5:24; 6:27,47). Jesús afirmó ser uno con Dios, el Padre (Juan 10:30-33; Jn. 5:17-18; Jn. 8:58). La posición del Jesús de estos Evangelios es muy clara y contundente: no se trata de un personaje fantasmagórico sino un ser real que se enfrenta a la oposición de los líderes religiosos de su tiempo, realiza milagros ante muchos testigos, da testimonio de su posición concordante con las profecías del Antiguo Testamento, y muere en la cruz y resucita para pagar Él por nuestros pecados. Este Jesús no nos da la opción de considerarlo un simple maestro moral. El hombre que sin ser más que hombre dijera la clase de cosas que Jesús dijo, como decir que Él y el Padre son uno y que nadie va al Padre si no es por Él, solo puede ser tres cosas: o bien es un lunático, una persona maligna que miente, o es realmente Dios hecho hombre. Pero su conducta en los evangelios no es la de un loco, ni la de un mentiroso. Grandes cantidades de creyentes durante las persecuciones subsiguientes a su paso por la Tierra aceptaron morir antes que renunciar a la fe en Él. ¿Habrían hecho eso por una mentira obvia? Como escribió el filósofo C.S.Lewis en su obra Mere Christianity (Traducido al español como “Cristianismo… ¡Y nada más!”), “O bien este hombre era, y es, el Hijo de Dios; o si no, era un loco o algo peor. Puedes escarnecerlo por ser un insensato; puedes escupirle y puedes matarlo por ser un demonio; o puedes caer a sus pies y proclamarlo como Señor y Dios. Pero no vengamos con ninguna tontería condescendiente de decir que fue solamente un gran maestro de la humanidad. Él no nos da espacio para tal actitud. Nunca fue esa su intención ”.
          
Y con respecto al supuesto matrimonio con Maria Magdalena, Dan Brown utiliza como base para esta afirmación otro texto gnóstico llamado El “Evangelio” de Felipe. Este texto apócrifo, escrito alrededor del 250 d.C., es uno de los documentos hallados en el lugar conocido como Nag Hammadi, Egipto, en 1947. Allí se descubrió, dentro de una vasija, una colección de 45 textos apócrifos diferentes, excluidas las copias. Estaban escritos en copto (el lenguaje egipcio traducido a caracteres griegos), copiados por monjes anónimos. Como explica el teólogo Kelly Liebengood: en El Código Da Vinci, el personaje llamado Teabing, un supuesto experto en el tema, lee un párrafo sobre María como "compañera" de Jesús. Dan Brown usa este texto apócrifo como fuente de su argumento, pero lo que no dice en su novela es que el texto original está lleno de espacios destruidos, y lo que sobrevive del texto dice literalmente: “El compañero del…María de Magdalena…a ella más que…los discípulos…la besó…en su…” (Evangelio de Felipe 63. 33-36). En el Código Da Vinci se dice que la palabra “compañero” significa “esposa”, porque eso es el significado en arameo. Pero como ya dijimos, en realidad el texto original no fue escrito en arameo, como Dan Brown dice, sino en cóptico. En cóptico, la palabra usada es Koinonos, un término tomado del griego, que no es sinónimo de esposa (gunē hubiera sido una mejor elección), sino que significa “hermana espiritual”, como se usa en otros textos apócrifos. Claramente, esto significa que no existe evidencia histórica alguna que sirva de base para afirmar que Jesús se hubiera casado con María Magdalena. Hay evidencia de que, en algunas comunidades cristianas, las mujeres tuvieron posiciones de importancia, pero cuando los líderes de los primeros cristianos estudiaban y discutían la verdad de la enseñanza de Cristo, sus opiniones no se referían al sexo o al poder. Como se deduce de sus escritos, trataban sobre la fe en lo que Jesús hizo y dijo. Dan Brown dice, a través de su personaje Teabing, que los documentos de Nag Hammadi, así como los Pergaminos del Mar Muerto, relatan la "verdadera historia del Grial". Esto es falso. Dos de los cuarenta y cinco textos de Nag Hammadi describen una única, pero no por ello menos ambigua, relación entre Jesús y María Magdalena, un tema que desarrollan las enseñanzas de los gnósticos; pero no hay mención alguna a la "historia del Grial", a pesar de lo que Dan Brown diga. Además, los Manuscritos del Mar Muerto no contienen textos cristianos en absoluto. Son los textos de una secta judía eremita, llamada de los Esenios, y no mencionan a Jesús, a María Magdalena o al Grial. Por cierto, estos documentos fueron descubiertos, como dijéramos, en 1947, y no en 1950 como dice Brown en su libro.
 
4-Con respecto a los otros textos que según Dan Brown revelan al verdadero Jesús histórico, ya hemos visto que son incoherentes con el mensaje total que viene desde el Antiguo Testamento, y que fueron escritos por sectas gnósticas con posterioridad a los Evangelios Canónicos. Hay una gran cantidad de datos sobre el cristianismo primitivo que aún no conocemos, temas que expertos académicos han discutido amplia y libremente durante años. Sin embargo, no hay ningún trabajo científicamente serio que provea ninguna base a la sugerencia de que la misión de Jesús consistió en hacer que María Magdalena fuera portadora de su mensaje de "lo sagrado femenino". Las fuentes dignas de crédito ni siquiera insinúan algo semejante. Y las investigaciones arqueológicas  de los académicos, expertos dignos de crédito, indican también que muchas de las afirmaciones de Brown -sobre todo, en lo que se refiere al mito de la naturaleza del Grial, al del Priorato de Sión o al papel del culto a las diosas en el mundo antiguo- no se apoyan en evidencia demostrable que se sostenga ante un análisis arqueológico formal.
 
Citemos ahora a Amy Welborn, teóloga norteamericana: “El Código Da Vinci ha producido una auténtica conmoción y, junto a esa conmoción, surgen llamadas a la tranquilidad y a dejar que se olvide todo el asunto. Se argumenta que "solamente es una novela" y que todo el mundo sabe que es una ficción. Así que ¿por qué no aceptarla como tal? Pues bien, hay algunas razones por las que no podemos hacerlo. En primer lugar, nada es "sólo una novela". La cultura importa. La cultura informa. Siempre estaremos interesados en los contenidos de la cultura y en su impacto sobre nosotros, con independencia de que hablemos de arte, de cine, de música o de literatura. Más concretamente, el autor de este libro tan especial sugiere que, realmente, hay en él más trabajo que imaginación, y anima a sus lectores a que acepten como realidades algunas aseveraciones extremadamente fantasiosas sobre un aspecto capital de la cultura humana. La ficción histórica es un género muy popular; pero al escribirla, el autor hace un trato implícito con el lector. Él o ella promete que, aunque en la novela aparecen unos personajes implicados en actuaciones imaginarias, la trama histórica fundamental es correcta. De hecho, son muchas las personas que disfrutan leyendo este tipo de ficción porque es una manera amena de aprender historia sin gran esfuerzo. El Código Da Vinci es diferente. En los ejemplos anteriores, todo el mundo, desde el autor hasta el espectador o el lector, capta la diferencia entre hechos conocidos y detalles imaginarios y, cuando la aplica, confía en una responsabilidad básica y espera una credibilidad histórica. El Código Da Vinci presenta los detalles imaginarios y las falsas afirmaciones históricas como hechos y como resultado de investigaciones históricas serias que, sencillamente, no lo son.”
 
En efecto, en El Código Da Vinci se nos da una extensa bibliografía de los textos que Dan Brown usó como referencia al escribir la novela. Si bien estos textos parecen obras serias sobre Historia, la mayoría de esos libros no hablan de historia auténtica sino de afirmaciones pseudo-históricas sin base arqueológica. Como dice Welborn: En la presentación del libro, Brown presenta una lista de datos contenidos en su novela. Afirma que el Priorato de Sión es una organización real. Y termina afirmando: ‘Todas las descripciones de obras de arte, arquitectura y rituales secretos de esta novela son exactos’. No incluye de modo explícito en su lista las diversas declaraciones sobre los orígenes del cristianismo que pueblan la novela, pero están implícitas en la inclusión de "documentos" que realiza. Y abundando en ello, Brown pone siempre en boca de sus personajes eruditos (en especial, las de Langdon y Teabing) todas las aseveraciones sobre los orígenes del cristianismo; los personajes suelen citar trabajos contemporáneos reales y basan sus afirmaciones en frases tales como "los historiadores se asombran de que..." y "afortunadamente para los historiadores..." y "muchos expertos afirman...". Estas disquisiciones funcionan como un recurso para comunicar ideas del libro Holy Blood, Holy Grail (“El enigma sagrado”) -que ya mencionamos-, de Margaret Starbird o de algunos otros, y hacerlo de tal modo que parezcan objetivas y aceptadas por ‘historiadores’ y ‘expertos’.
 
Además, Brown se presenta a sí mismo en entrevistas como un experto en sus métodos y en sus objetivos. Afirma repetidamente que le encanta compartir sus descubrimientos con los lectores porque desea participar en el relato de esta "historia perdida". Dicho de otro modo, Brown sugiere que parte de lo que intenta hacer con El Código Da Vinci es enseñar una parte de la historia. De hecho, Brown ha escrito en su sitio de Internet: "Hace dos mil años vivíamos en un mundo de dioses y diosas. Hoy vivimos solamente en un mundo de dioses. En la mayoría de las culturas, las mujeres fueron despojadas de su poder espiritual. La novela se relaciona con el cómo y porqué se produjo ese cambio... y qué lecciones hemos de aprender respecto a nuestro futuro (www.dan-brown.com).”
 
Notemos cómo Brown apela a un tópico de actualidad: el feminismo. Y lo hace de manera tal que hace parecer a quien se oponga a las falsedades de su novela como un enemigo de la libertad de la mujer. O sea, Brown se aprovecha de este movimiento para disfrazar de alegato feminista sus afirmaciones pseudo-históricas. Y esto atrae la simpatía de muchos lectores, inclusive de algunos que se dicen cristianos y extrañamente no parecen ver que el mensaje de la novela es absolutamente anti-cristiano. Los personajes de Brown afirman con frecuencia que el conocimiento tradicional cristiano de la vida de Jesús y de su ministerio es falso. Esto significaría que el Nuevo Testamento, y la base de ese conocimiento, no merecen ser considerado como una fuente de información, y con eso la novela se permite desacreditar no solamente los textos bíblicos sino la investigación histórica y arqueológica que por siglos los ha apoyado y documentado. Brown sencillamente  descalifica a La Biblia como texto válido históricamente, sin dar más explicación que sus afirmaciones, que como ya vimos, carecen totalmente de base.
 
Y, quizá no deba sorprendernos, existen muchos lectores que aceptan esas ideas sin base del libro como si fueran hechos, y los propagan en conversaciones superficiales como si estuvieran citando evidencia científica. Esto es fácil de notar con solo leer en Internet los comentarios de cantidad de lectores que declaran aceptar todo lo que el libro dice como verdad histórica, por ejemplo en Amazon.com o en otros “blogs” y páginas web, o con estudiar las muchas historias que relatan los periódicos sobre el impacto de este libro. No podemos decir que es "tan sólo una novela". El Código Da Vinci se propone enseñar historia en el contexto de una ficción, cuando en realidad la supuesta Historia que nos cuenta es un reciclaje torpemente armado de antiguos mitos del gnosticismo. Esta distribución de mitos como si fueran verdades puede confundir muchísimo a gente cuyo conocimiento de La Biblia es limitado, dañar su fe, retardar su crecimiento espiritual, y contribuir al prejuicio con el que durante largo tiempo se ha atacado a los cristianos verdaderos. De hecho, por su misma actitud humilde los cristianos honestos siempre han sido un blanco fácil de los ataques malintencionados. Pensemos: ¿Qué habría pasado si Brown hubiera escrito un libro semejante declarando al Corán como mentira y a Mahoma como una ficción? Como le ocurrió a Salman Rushdie, probablemente Brown habría tenido que esconderse para seguir con vida. Pero como su novela ataca solamente a los cristianos, esa gente que cree que Jesús es el “Hijo de Dios” y que “Dios es Amor” (Juan 3: 16 y 1Juan 6:23), Dan Brown puede hacer una fortuna, con película de Hollywood incluida, sin preocuparse por haber ofendido a unos cuantos millones de personas en el mundo. ¿Se sentirá orgulloso de tal logro?
Cada persona es libre de aceptar o rechazar el mensaje de La Biblia, pero si alguien en verdad quiere rechazar el cristianismo, es un imperativo moral que primero esté seguro de qué es eso en lo que no cree. Ya hay demasiadas personas que han hecho un monigote del Cristianismo para criticarlo, cuando ni siquiera entienden con claridad que eso que rechazan es una distorsión ridícula del verdadero cristianismo.
 
En conclusión, recordemos las palabras del apóstol Pablo a los Colosenses (2:4; 6-8):
 
Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas…De la manera que habéis recibido al señor Jesucristo, andad en Él…Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.”
 
 
Decimos Amén.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Citas de La Biblia: versión Reina Valera, publicada por Sociedades Bíblicas Unidas, 1998.
Fuentes: Conferencias impartidas por los teólogos Kelly Liebengood, (particularmente para el análisis de los términos en cóptico),  y Juan Stam,  en San José, Costa Rica el 15 de Mayo de 2006. La cita de C.S. Lewis es del libro “Mere Christianity”, publicado por Simon & Schuster, New York, en 1980; cita traducida por J. Guevara para este texto.
 
Análisis, apoyo documental y recolección de datos: José Pablo Chacón. Compilación, redacción y comentarios: Javier Guevara. Iglesia Viña del Este, Costa Rica, mayo del 2006.
 

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